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miércoles, 10 de junio de 2015

FIN DE SEMANA CON SABOR A TODOS

A Totó el porro le sabe a todo, todo lo bueno de su región, le sabe a piña,le sabe a mango, a leche ordeñada en corral, le sabe a bollo limpio; con nuestra música todo sabe a algo sensual y cadencioso.

A mi el porro, quiero decir con esto el ritmo musical colombiano, (por que el otro me sabe a hambre devorador) me deja con un sabor inconjugable de  fin de semana de resaca con hígado encebollado de desayuno y de euforia sin contener, uno como este, uno como pocos.

Fue un fin de semana anácronico y enrumbado, la serendipia se apoderó de la normalidad con hallazgos inesperados y seres estruéndosos y libertarios que se empolvaron de harina un miércoles haciendo capelettis rellenos de jamón queso y muzzarella, con 30 cervezas en la cabeza en la mesa del comedor de mi casa, mientras me develaban internas familiares que, al final desembocaban en una celebración de 40 años de matrimonio y admiración,

Y hubo tiempo esa noche, esa tarde, y hubo el tiempo que nunca existe, que nunca tenemos por 5 días seguidos, un lujo cuando uno se tiene que ganar la vida para vivir, hubo tiempo para dormir la borrachera de una mujer casada y con responsabilidades y la resaca que debe ser mañanera a las 8:00 p.m y desayuno en la noche con arroz con pollo, mimo de mi madre, quedó espacio para amasar el pan a la tarde, para descocerce de la risa cubriendo un bizcocho muy kitsch de novios hasta con decorado importado de la USA, estar en la calle 9 hasta la aurora con una compañía novedosa, resultado de algo muy conocido y hasta ese momento absurdo de querer a alguien que recién llega de un horizonte atravezado en 5 horas pequeñitas.

A 6 o 7 cuadras de mi casa, se vinieron, Cereté, San Pelayo, San Onofre, Sincelejo y todos esos vientos y tambores alebrestados de esas regiones de la costa caribe colombiana y ataviada por los olores penetrantes y el embrujo musical de esas tierras polvorientas, allá llegué acompañada de la fiesta inusitada y perdida de una calle de eso que llaman comuna en Medellín y todo sabía dulcecito, el baile cadencioso y arrastradito, la diferencia y la convivencia saboriándose en 15 mtrs lineales con copas de aguardiente que alumbran discotequeras y el intercambio del los rituales que convocan los festivales alucinógenos de la vida misma, con sobrinas, nenes distintos de chaqueta roja, con encuentros, simplemente serendipias.

Para las alucinaciones, nos mandaron a la chamana, antropóloga empírica de la música caribe de este país, la grande, la grossa Totó la momposina y allá, después de una convocatoria de eslabones indispensables fuimos a que nos curara la música, juiciositos todos en fila india por las veredas tristes de Santa Lucía por que el poderoso perdió el torneo, llegamos una unidad, una colección de amores de todo lado a que el baile nos arreglara lo que con otras cosas no se puede cuadrar y como los quesos de la región de donde es oriunda la Totó fuimos hilvanando, hilvanando una delicia que poco a poco se convirtió en un exquisitez de capas del mismo sabor superpuestas en una ronda de baile y abrazos de amigos, de hermanos con nombres de regalos del cielo.

No siendo suficiente la generosidad de ese cielo, en todo lo alto de las palmas de cera de la ancestralidad de los quereres en esta tierra y de recién llegada, un fiambre en hojas de plátano, un abracito que se abre regalándonos chicharrón, plátano maduro, chorizo carne molida, papas y arroz en el sudor del sabor, fue la excusa y el fundador de historias contadas por un narrador sereno y más exquisito que el fiambre, la vida de un país puede pasar en media hora a través de los oídos que escuchan con el corazón interior, que sienten el más allá con enanos agrandados, los sabores esta vez si, del porro, son demasiado penetrantes,puesto que son los sabores de 7 coleccionistas de asombros, que alrededor de un mantel y la sencillez pueden cocinar la forma más estilizada de un banquete compañero.

Qué más puedo decir frente a la gula y los excesos del porro y el fin de semana! Que este país, que la música de estas tierras y el encanto de la vida en esta ciudad, yace indefectiblemente en los condimentos más armónicos y aromáticos que me hacen cocinar historias, platos, revistas, sueños, construcciones, rumbas y felicidad por momentos ilimitada. Medellín- Colombia sabe al garam massala más perfecto que puedo recomendar: Los amigos caminantes compañeros de las calles y el alma. Y puedo asegurar algo: Es un condimento infaltable e infalible, los franceses dicen que es la mantequilla o una materia grasa, pero perdón, que se han equivocado, si prueban cocinar con este secreto revelador, jamás volverán a tener el recuerdo de un plato de que no haya quedado absolutamente delicioso para la memoria.


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