Cuántos fuegos hay que encender para comenzar a cocinar las herencias y el presente y avocarse a encontrar una receta sin fórmula que empiece a tener el gusto por la coherencia de unos sabores aterciopelados, sin duda más dulces, que lo dejen reposar a uno en una mecedora tranquila, divisando el impresionismo de las montañas con la esperanza agarradita de la mano.
Es lunes 2 de enero de 2017, las altas gracias me confieren un lugar desde donde solo se puede sentir el amor: los deseos de las golondrinas volando, el olor de la cocina en su trámite de alquimia, las canciones en la voz del azúcar canturreando- sobretodo creo que no todo está perdido, creo que he vsito una luz al otro lado del río- mientras la manos de un clavelito curan a Paloma Paz Libertad y ceban un mate y el bambuco corre libre por los pastales. En este meditar verde bucólico y en este comenzar un año quiero entonces alzar mis deseos a que el 2017 nos advenga con ESPERANZA.
Ay de mi esperanza tan agónica y frustrada aveces, tan flaqueante y desilusionada, tan incrédula. El 2016 me llevo a esos territorios amazónicos, horas navegando ríos en sopor y trance, días de dar, de iluminar caminos de espejos dadivosos -hay que saber elegir los espejos me dijo el río Caucayá- meses encontrando una cocina fraguada con los fuegos más orgánicos en la simpleza de cierta perfección, en medio de las absurdas realidades de una paz negociada y aplazada por fuerzas obscuras y por nuestra carencia de compromiso en pensamiento, palabra, obra y omisión, donde somos participes y en ocasiones cómplices de una caricatura gringa monopolizadora y una geopolítica socio cultural avasalladora que me amedrenta y me ubica en la sed de un desierto aciago y totalmente yermo, cuyos cáctus sólo tienen espinas.
Pero estoy en Altagracia y es así que tengo que apelar a la consecuencia y a la coherencia puesto que se me ha otorgado la belleza de 7 meses cocineros de selva, canoa y río que me han convertido en un ser humano, en una mujer eslabón, comenzando a visualizar oníricamente lo tangible de las redes establecidas a partir de la conexión de la búsqueda de la ofrenda del amor.
La vida me ha puesto una vez más en mi raíz para infusionarme aromáticamente en la hierbabuena del perdón tranquilito que recorre los parques con ron y lucesitas alumbradas, noches y tardes acompañadas de tangos, chacareras, salsa y villancicos, lágrimas de inocencia perdida y asombros! Cuidado todo lo que uno pide se lo dan mijita!
Un par de semanas atrás hablaba de que adoraba diciembre entre muchas otras cosas porque la gente tenía propósitos, algunos imposibles e improbables, como dejar de fumar, dejar de beber, hacer deporte jajaajja, pero propósitos, ahí está la esperanza, no sé si quiero dejar de fumar, aunque mi corazón literalmente dice que tengo! Pero mi propósito más ineludible y mi deseo es la ESPERANZA, como un acto de río fluido, como un acto irreductible de confianza.
Es recurrente en los últimos meses la imagen de una red, pequeños filamentos láser unidos infinitamente en el universo, estoy absolutamente segura que esa red ha sido tejida dese tiempos incompresibles a nuestra diminuta existencia al menos en este plano, esta es mi insurrección entonces desde la esperanza:
Queridos míos, se vienen tiempos inciertos, al parecer las manos que manosean todo, cocinan en agujeros negros y todo o tiene un sabor mezquino o ni alcanza para tener un almizcle, mueren los mitos y las horas de albores utópicos, la incertidumbre se apodera del globo terráqueo y del país, pero hay que seguir amasando la revolución, abrir los ojos, la mente y el corazón, visibilizar la conexión de esas redes universales y asirse a ese amor, solo nuestro abrazo a la simplicidad de la belleza de las almas que vibran al unisono de la luz es la esperanza de lo que queda del día, necesitamos acompañar nuestros sueños perdidos, es imperioso fortalecer nuestros deseos de transformación hacia la consciencia de un mundo posible, donde el otro también soy yo, no podemos abandonar nuestro paraíso perdido de armonía, ahora es cuando cocinar juntos y ofrecernos en un banquete de unidad nos hará esperanzados y libertarios.
Así que queridos ese es mi deseo para todos este comienzo de 2017, desde mis ollitas y sin saber cuántos fuegos hay que encender para que suceda, hoy encenderé uno para que volvamos a probar la esperanza!