Podría hacer un inventario con hojas de reproches incansables sobre Medellín, hay muchos días de hartazgo, días donde esta ciudad se achica y me aprisiona como cuando uno lava una camisa de tela barata y se encoge al menos 2 tallas. Estas montañas verdolagas y majestuosas acortan y acotan tanto la relación con la espacialidad! Pero tienen un sortilegio en sus entrañas, puesto que uno no advierte en qué momento lo abrazaron tanto que lo aprisionaron.
Sin embargo y con todas mis nostalgias y saudades poéticas de las tierras Porteñas, Medellincito un fin de semana como el que acaba de pasar es la metáfora de la dicha del guión que escribirá Jorge en unos años sobre Diana la picadora de la Floresta y de muchas historias que tengo que empezar a contar con juicio y tinta roja de pasión, por que hay frankesteinetas, joyerías donde no se roban los diamantes, porno en blanco y negro visto en TV de perilla, Hinojosas y armazones estructurales de la afinidad de lo que soy con mi inconsciente colectivo.
Esta ciudad es una paila de buñuelos apiñados en aceite con la temperatura perfecta para que todos vayan voltiándose a su amaño mientras se rozan unos con otros y otros con todos, es endogámica y pueblerina, pero digo yo jactándome, que tiene la discordia de poseer más locos por metro cuadrado que cualquier otro lugar del mundo y a mi me encanta la locura, eso sí, cuando es esa locura que propicia la vida misma en creatividad, cuando es preguntona y hace que jamás un humano pierda la capacidad de sorpresa y asombro.
Y es, en este punto donde adulo con todas las rococudeces a Medallo, y es, en ese hincapié donde me hallo cierta y engrandecida de volver, ya que en esa paila de aceite caliente la gente con que me franeleo son esferitas de queso sabrosas (buñuelos es una palabra muy prosaica para describirlos), nada comunes y corrientes en su sabor, por lo regular intenso, son esferas ya doradas por el calor de la vida que cada vez van adquiriendo más la consistencia molecular de la fórmula perfecta del círculo trascendente, que contempla la vida, la muerte, la resurrección!
Acá la soledad se hizo aire y estoy absurdamente acompañada de risas ilógicas sumamente inteligentes, cada noche es una verbena posible del absurdo, un arrancar al tiempo el presente para ser y crear el país de las maravillas de Alicia, con músicos y toreras, con ingenieros congelando el futuro, con fotógrafos daltónicos, curadoras curativas, odontólogos muelones y arquitectos artifices de un mundo cuasi paralelo donde a uno le gusta vivir por que el real no es tan inspirador.
Mis amigos son personajes, mis otredades, caramelitos escasisímos, figuras totales irrepetibles, los locos del metro cuadrado, los de los cuentos que cuento, los que me hacen deslizarme sintiéndome surfista en esta ciudad sin mar y preparar ceviches inventados para alimentar las noches húmedas y acaloradas, con miami sound machine, ron y la certeza de haber regresado para vivir con la manía de la intensidad, como dice una cantautora Colombiana
Después de 10 meses ahora si puedo publicarlo, he vuelto a vivir en mi ciudad y aunque sea esta paila de buñuelos, me parece que la mía es la de la esfericaciones de queso, no la de los buñuelos, por que es la de la posibilidad transformadora de la vanguardia de mis elecciones!
Ja jaja eso es hacer cocina molecular. Si o qué?
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