Vistas de página en total

jueves, 18 de agosto de 2016

MAGIA, MAGIA!!!

Hace una semana me encontré con los espitus Naza de los sueños, el ritual del bautizo de una niña que tenía los ojos como espejismo de un gran amor, como el caucayá, río de los espejos. La tierra es la diosa madre que me alimenta mientras besa al dios del sueño que me cura y me limpia la sangre del dolor para devolverme renacida al seno vital, entonces re nacida soñé con viajes y compañía de esa útopia del para siempre y a esa compañía le declaré mi eternidad. El fin de semana hubo lluvia de estrellas fugaces, encargadas de llevar las misivas y deseos a los Dioses, y oré y pedí y agradecí por que la dicha continúe, por el amor, por mis amores y para que todas las bendiciones sean otorgadas para nosotros y para el planeta.

En este cerrar y hacer aperturas hoy recordé que hace 7 años por esta época recibía mi primera clase de cocina en mi patria elegida, un flash back en el presente, mientras organizaba las fotos de las recetas y le daba más condimentos al recetario de la FAO. Cicloooos y umbrales.

7 años hace que empecé esta quimera, esta terquedad soñadora de querer saborearme la vida hecha por mis manos y vagamundeares, 7 años despúes estoy recolectando cuántos ceviches he cocinado en estos meses, cuántos fuegos selváticos he encendido para transformar,  y no puedo creer lo asistida y mimada que he sido por la vida que me ha dejado hacer lo que me ha dado la gana, con patrias de amigos como La portentosa voz de la Tana, las zapadas de mis músicos Zaparios, las confiabilidades de Carola, Gabi y Ariel amasando el pan, Syl y su Elvis abrigo de invierno y la casa cobijo de Mi pao y su Agus y por supuesto la Villaverde de Eli y el hogar y la compañía de mi peregrina compañera Tina, latina Adami. 

Rememoro con el ojo encharcao (cosa que no es extraña en mi) los albores de la iniciación cocinera cuando hace 8 años en Prado Centro, en casa de Harry un banquete fue el augurio del futuro promisorio. Cocinamos unos abrazos de pescado al vapor, unas Julias de acelga y plátano maduro con coco, ensaladas variadas y abundancia, y antes de cenar el brindis hecho por Margarita Escobar, mi querida Maco, fue el sueño de cuándo será que te vas y cuándo será que volvés para verte cocinar en unos años! y ni en mis planes andaba viajar y dejar todo por vivir el talismán de la cocina.

Un mes atrás estuve en Medellín, me llevé conmigo al Putumayo, me llevé conmigo, ahora me doy cuenta, toda la cosecha de estos 7 años, esta cosecha que sólo ha podido ser recolectada desde la intimidad del silencio, la pausa y el dejarme estar en regazos de compañeros de solar como Alejandro y campos abiertos gasolineros en moto con Anita, después de cantar toda la noche con Mauro y Diana.

Así en ritual es todo, la cena en Ciudad Café fue un banquete como el inicial, con Harry y Maco y mis aliados, mis amores profundos, los de antes que me animaron, esos que viajaron hasta el sur para rescatarme con bálsamos de abrazos costeños, seré tuya para siempre por eso mi Guillo, esos maravillosos amigos que me besan en la boca como Ceci y me dicen TE AMO, aquellos como Olguita que son mis maestros, como la fidelidad de Claudia Arbelaéz y sus cuidados y sus risas estrenduosas e inolvidables y la insistencia de mi andariega de media vida Ana Muñoz que siempre va acompañada y forma mi cuadrisima trinidad con Clara, Cris y Cata mis miss reinas adolescentes, como los grandes amores que encuentran el perdón desde la pureza de la paz; aquellos como Gus y Jhon que desde el compañerismo del trabajo vieron mi mutación, como Ana Zuluaga que me lee sin falta y encontró su unidad,como Mario y Juan en silencio cómplice, como Clara Mónica y Armando que en risas inteligentes me sostienen, esos especímenes fantasiosos como Victor que parece que ya me sabía antes de probar mis obras cocineras, como mi hermana confidente y alcahueta Luisa que me incita a la creación y es patrocinadora de mi pequeña chagra en en el mundo, así en ritual, así en magia.

Altas gracias me confiere la vida, sanadoras teatrales como Adri que me regala todas las flores y me cura los males de amores, sembradoras como Ruth y su corazón mirando al sur y también pajaritos sutiles como Mónica que me entonó el canto por la difrencia a los 14 años y la lealtad de mi cocinero de bicicleta y desenredador de mis lios fatuos Josesito, sin olvidar a Jorgito que aunque ya no sube la cuesta que lo lleva a mi casa, sabe que sus pasos siempre lo conducirán a mi amor y a David con su ojo mágico afilado para capturar el tiempo, a Wania que me regaló el cielo y a Alejandro Jaramillo que me invitá a cocinar sus paisajes cada que se expone.

Me ha dado música la vida por que sabe que sin banda sonora no saben tan bueno los menjurges. así aparecen como en año nuevo y ritual en mi cocina Dianita Fuentes una payasa que con carcajadas de jardinera me invita a un alimento cantado y un plato de recuerdos de Medellín saboreado e  inspirado por la admiración y hacia la maestrpia de escuchar de Claudia Gómez, a la que siempre encuentro en mis montañas y brisa fresca, al igual que a Sandro y a Cata sintiendo mestizo y a la complicidad que ha sido una catapulta creativa propiciada por la belleza de Totó y Paulita en Santa Elena donde también vuela libre el espiritu de un Cuervo Ancestral que se me posa hace 20 años. 

Debo agradecer a mi familia incrédula ante esta vida enmancipada y elegida que a tanta terquedad, a optado por acompañar las persistencias de mi memoria, a mi madre tan fuera de serie y tan adentro de lo qu es soy, a mis tías tecnológicas que en su mirada tan distinta y aveces tan distante me cuidan por facebook, a mi tía amparo que no puede tener un mejor nombre, es mi amparo, a mi Padre que me ha heredado este gusto por caminar no derecha sinó izquierda , a la fuerza sensible que ha sido mi tio Hugo en esta tarea de tratar de crecer,  a Germán que presencia mi tumbos y aciertos con su respeto observador.

Alguna vez me vestí de chaqueta de cocinera, alguna vez creí en las estrellas Michelin, alguna vez...

7 años hace que tomé mi primer clase cocina profesionalmente, 7 años después detesto las chaquetas y los gorros, y las estrellas que me enarbolan el cielo son a las que pido el deseo ferviente de que me hagan un instrumento para que mis manos conectadas a mi alma puedan dar, transformar y alimentar.

7 años después y en medio del ritual acepto y abrazo que he sido soy y seré una mujer bendecida y transformada por uno de los oficios más generosos, 7 años después, ahora siiiiii  empiezo a cocinar seriamente el amor y la magia chamanica que me habita.


No hay comentarios:

Publicar un comentario