He volado alto, altísimo, por un cielo con visibilidad hasta donde alcanza la mirada y que se arroja con la sutilidad de la perfección, sobre ríos que son serpientes míticas interminables, espesuras impenetrables de árboles que parecen infinitos, montañas escarpadas de todos los tonos de verdes que ni se han inventado, lo que han visto mis ojos es interminable, lo que tengo en mi alma indescriptible, la grandeza nunca podrá ser enumerada.
El amor de la Capital, compartirlo con un curry rojo thailandés en 40 minutos acotados, la meseta que lo acerca a uno a las estrellas, el aeropuerto que quiero que sea una premisa de vida para que todos vamos y volvamos y despeguen y aterricen en mi vida, el desapego del tránsito del viajero.
Llegar a Puerto Asis con lluvia, con una lluvia que no da tregua, cuánto llueve en este sector húmedo y tropical, llueve con intención y behemencia, llueve como un amante feroz, pero no apurado, revuelca todo pasionalmente pero hasta ahora no estropea nada, las palmeras se ponen a su merced, el horizonte en su climax, llueve, se da un respiro de cansancio, toma aire y de nuevo racatatatatatata llueve 4 horas más sin pausa.
Y yo en mi habitación no sólo espacial, me habito serenamente, hace tanto que no estaba sola, me recuerdo en una soledad, me acompaño y me lamo para acicalarme como los animales, segura, plena, absorta en mi posibilidad de mujer sabrosa y cocinera pensante y sensible.
Hay una chiquita que me habla todas las noches, me revive y reivindica la elecciones, se ríe con locura y me renueva el ímpetu desparapajado de las pasiones irrenunciables, también soy eso, soy muchas con muchosidad.
Y soy de la misma manera, una recién parida de la placenta de la búsqueda de mi hedonista humanidad, de ojo pelao sin pestañear, me encuentro todos los días con una novedad que me hace crear, ingredientes únicos que siempre soñé tener en mis manos para palpar todo el exotismo caliente y húmedo de estas selvas del sur de Colombia, siempre hacia el sur voy, pues me vuelve a seducir con sus manifiestos de Taro superalimenticio de la familia de la aráceas, con Yota brotada de la tierra poderosa así como la yuca de la que es pariente, y las manos me hacen tocar con la incredulidad de algo muy deseado y conseguido, el tacacho hecho del majestuoso plátano, la poleada poderosa sopa con oro de maíz y papa y lo más excitante es que llevo dos días en este embelece!!!
Qué dichaaaa más comelona, cómo esta dicha se une al propósito de alimentar, que buen provecho es el aprendizaje!!!!
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